Escribe: Hernán Vaca narvaja
Mariani es un fracasado. Soltero, vago, sin ideales, convive con dos tías en un pequeño departamento mientras sobrevive buscando personas perdidas a las que la policía no logra (o le interesa) ubicar. Mariani no es detective. No le interesa denunciar la corrupción, atacar la injusticia social o combatir al crimen organizado. Tiene como limitado horizonte ganar unos pesos para compartir una ginebra con amigos en el bar Británico, su segundo hogar. Alter ego del periodista de investigación Martín Malharro, Mariani se sumergirá -pese a su agnosticismo crónico- en el fascinante e indescifrable mundo de los numismáticos de Buenos Aires. Y no saldrá indemne.
Apasionado por la obra -y la vida- de Rodolfo Walsh, Martín Malharro rinde tributo en esta novela al autor de Operación Masacre, aquél que renegó del género policial clásico que protagonizaba su personaje bíblico Daniel Hernández para sumergirse de lleno en "las perplejidades íntimas" del mundo real o entregarse a las descarnadas historias del thriller norteamericano.
Mariani, el anti héroe de Malharro, no es policía ni detective. Pero tiene mucho en común con el célebre comisario Laurenzi de la segunda saga policial de Walsh. Su mirada escéptica, desconfiada, resentida con una sociedad sumida en la hipocresía y la miseria, investiga el intrincado mundo de los anticuarios de San Telmo. Un mundo ininteligible donde la historia, la tradición y la piratería (la biblia y el calefón) conviven en remozadas casonas antiguas pobladas de fantasmas y secretos inconfesados.
A Mariani -y a Malharro- les gusta tomar café en los bares. Sobre todo en el Británico, ubicado en la legendaria esquina de Brasil y Defensa, en el corazón del barrio porteño de San Telmo. Mariani gasta las suelas de sus viejos zapatos puliendo el empedrado de las pocas cuadras que lo separan de aquel bar mitológico en el que inexorablemente se gestarán sus desventuras. Sin traspasar las fronteras del barrio, visita asiduamente el taller mecánico de su entrañable amigo Demarchi, un gordo buenazo que, entre mate y mate, reflexiona en clave lunfarda sobre el amor, el destino y las minas.
En tono porteño, "Calibre .45" cuenta la historia de un crimen en apariencia absurdo, cuya lógica será develada -como exigen las reglas del género- en el último párrafo del relato. En el transcurso de ese sinuoso camino hacia la verdad, Mariani se verá enredado en una disputa mafiosa para recuperar una valiosa colección de monedas (las Teodosio de plata) surgidas de una historia trágica, ya que son la herencia universal de una acaudalada familia judía que murió en los campos de concentración del nazismo en Polonia. Las codiciadas piezas llegarán a la Argentina en un barco que trasladaba fugitivos nazis tras la caída del Reich.
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