Escribe: Hernán Vaca Narvaja
Fue un triunfo
inapelable, aplastante, categórico. Cinco de cada diez argentinos que
concurrieron a las urnas le dieron su respaldo a la mujer que conduce
los destinos del país sin renunciar a sus convicciones.
A la
mujer que no pudo hacer el duelo de su marido porque tiene un
vicepresidente traidor al que no puede dejarle ni por un día el manejo
del país.
A la mujer que soportó -y soporta- la campaña
mediática más insidiosa que recuerde la Argentina desde las épocas del
antiperonismo gorila.
A la mujer que soportó presiones,
chicanas, deslealtades y ataques personales que denigran a la política
como pocas veces se ha visto.
A la mujer que improvisa en cada escenario demostrando conocimiento, capacidad y la fuerza de sus convicciones políticas.
A
la viuda doliente que evoca y reivindica la figura de su esposo,
co-artífice de su actual realidad política y arquitecto de la
reconstrucción nacional después del desquicio del 2001.
Cristina
Fernández de Kirchner tuvo su revancha en el mejor lugar que un
dirigente político puede tenerla: en las urnas. La fuerza de las ideas,
de las convicciones, del dolor, de los sueños, la ubicaron por encima
-muy por encima, más alla de los votos- de la mediocre clase política
argentina, esa que se alimenta en base a una exposición mediática tan
oportunista como inconsistente.
La gran derrotada, la
contracara de Cristina, es otra mujer: la inefable Elisa Carrió. En
algún momento transitaron juntas el camino de la denuncia contra la
corrupción menemista. Pero los celos, el egocentrismo congénito y la
debilidad de convicciones de la chaqueña la terminaron convirtiendo en
una patética herramienta de la derecha agropecuaria.
El
triunfo de Cristina hunde en el abismo de la impotencia a la Argentina
decadente y elitista que representan la Sociedad Rural -que llamó a
votar contra ella en estas elecciones-, el grupo Clarin y los
neoconservadores disfrazados de demócratas que muestran buenos modales
pero sólo buscan reinstaurar un statu quo que perdieron cuando la gente
los rechazó en las urnas. La sociedad les había dado una oportunidad
hace dos años. Ayer los volvió a castigar.
También "Pino" Solanas dilapido su caudal político. Como lo dilapidó Luis Juez en Córdoba.
El
pueblo argentino dio su veredicto. El Cristinazo en las urnas apuesta a
la profundización de un modelo de país con equidad, verdad y justicia
para todos.
Cristina ganó por la fuerza de los votos. Pero también de la memoria. Y, por supuesto, por el amor.
Por el amor de un pueblo que terminó sintiendo como propio tanto agravio, tanto ataque y tanta mentira.





