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Historias
Andrés Utello, un poeta que forma pares en las cárceles
"Los presos tienen uñas para arañar la pared"
Poesía en la carcel

Escribe: Alexis Oliva

Tal vez su extraña mezcla de pesimismo y militancia, de lírica y pragmatismo, sea lo que le permitió convertirse en un veterano de caminar prisiones con libros bajo el brazo, negociar permisos con el poco poético Sistema Penitenciario y detectar diamantes en el barro.
Así, con la palabrita "educación" como salvoconducto, cumple una suerte de "función túnel" por la que mete a Borges, Vallejo, Rulfo y Omar Khayyam y saca narradores y poetas de entre los homicidas y ladrones.
En vísperas del último 24 de marzo, Utello se dio el lujo -junto al guitarrista Horacio Burgos y la violinista Guadalupe Tobarías- de montar el espectáculo "Mundo laberinto", inspirado en el mito griego de Teseo y el Minotauro, con y para los presos de la cárcel de máxima seguridad de Cruz del Eje.  
-¿Cómo es la experiencia de dar un taller literario en una cárcel?
-Yo admiraba la tarea de una poeta de Santa Fe, Susana Valenti, en las cárceles. Y tuve la oportunidad cuando una alumna de Villa Dolores me preguntó qué me gustaría hacer, como si ya hubiera hecho todo. ?Un taller en las cárceles?. "¿Y por qué no empieza mañana conmigo? Yo trabajo ahí". Cuando entré por primera vez a la cárcel, sentí el olor al pelo mojado de los perros, desinfectante, querosén y ladrillo caliente. Después de esa impresión, que me sacó la mariconada de adentro, vi lo que hasta entonces eran sólo palabras: muros, pasillos, rejas... Y mis miedos. Al principio, me asombró que me llenaron de alumnos, casi el 20 por ciento del penal, unas 40 ó 50 personas. Y fijate los miedos y las fantasías de uno. Yo hablaba y un muchacho de una espalda inmensa y los dedos tatuados no decía una sola palabra. Como trabajo con la provocación, pensé: "¿No estaré pelotudeando demasiado acá?". Entonces le dije: "Vos no tenés que estar forzado acá. Si no te gusta, te podés ir". "No, profesor, yo no hablo porque no sé leer ni escribir, pero me hace muy bien escuchar lo que están hablando". Ahí me sentí un pelotudo, pero sentí también que la tarea tenía muchos aspectos valiosos.
-¿En qué punto comenzás a percibir que puede haber creación literaria?
-Si hablamos de pedagogía, está el caso de un hombre que era analfabeto y había matado a otro, cerca de donde nació Leopoldo Lugones. Pero lo mató de ignorante, de borracho, de vivir toda la vida en el desierto. No lo mató con la maldad de matar, sino con la barbarie de darle poco valor a la vida. Ese tipo aprendió a escribir poemas a medida que hacía la primaria de adultos. Esto me lo voy a llevar a la tumba: sabía un grupo de veinte palabras y con esas veinte palabras empezó a escribir poemas. Un tipo sincero y simple del campo tiene más posibilidad de aprender la poesía. Como otro, que era de Los Sauces y escribía poesías de alto vuelo, porque acudía a la naturaleza: "El ruido del río en la mañana / el canto de algún pájaro / toda mi soledad a cuestas por la tierra". No sólo es un poema, sino un extraordinario poema. Al chico de la espalda gigantesca, cuando le perdí el miedo, le pregunté: "¿Por qué estás acá?". Me dice: "Maté a uno. Nos chupamos tanto, que había una jaula con un jilguero y yo empecé: 'Soltalo'. 'No, el jilguero es mío'. 'Soltalo...' Hasta que terminé agarrando el cuchillo?". Mató al otro y fue a la cárcel. Eso es por la barbarie, porque hay que educar a la persona en valores. Ahí se me fueron unas mantas de idiotez y empezó una tarea mucho más profunda y sincera.
-Se fue el prejuicio...
-Creo que prejuicio nunca llevé a la cárcel. Lo que llevé fue mi miedo: "Dónde mierda me estoy metiendo?". Además, yo laburo con la fricción, no con una terapia pasiva. Pero fue evolucionando hasta que me hice amigo de un preso que me ayudó mucho en el penal de Villa Dolores, donde logramos un grupo homogéneo y charlas a panel abierto. El me hizo conocer un poema de (Rubén Bareiro) Saguier, el más importante poeta de Paraguay después de Elvio Romero. En esos versos, este notable poeta torturado por la dictadura paraguaya, habla de unos jacarandás que ve mientras se lo llevan y termina diciendo: ?"A un hombre libre apenas le pueden encarcelar el cuerpo".
-¿Por qué vale la pena este trabajo?
-Hoy, después de armar tantos talleres por la provincia, el encanto es que me parece más real la tarea con estos personajes del submundo, que con el apacible burgués que cree que tiene toda la vida por delante y nunca concreta nada. Porque cuando uno resuelve su problema de afecto, se le va la libido por la literatura, el arte, la música y las pasiones. Ahí adentro pasa algo más extremo. No la pelotudez de decir que las grandes obras se escribieron en la cárcel. Porque Cervantes no se hizo escritor en la cárcel; escribió ahí, pero se hizo escritor afuera.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de junio, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)

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