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Historias
Las otras víctimas de la morosidad judicial
Padres del dolor
Cuatro casos de desaparición de menores siguen impunes mientras la Justicia de Río Cuarto sigue sin reaccionar

Escribe: Corina Asnal Vischi

Alejandro Flores tenía cinco años cuando desapareció el 16 marzo de 1991, mientras jugaba en la placita del barrio. "Muchos años después supimos que fue embestido por un patrullero, comandado por Gaumet. Otro polic¡a, Funes, cargó al niño -aún con vida- y, con ayuda de enfermeras amigas, lo estuvieron asistiendo hasta que falleció. Los policías encubrieron los hechos, arreglaron el móvil y ocultaron el cuerpo", dice Víctor Flores, padre del pequeño.
A mediados de 2009, un hecho fortuito permitió confirmar todas las sospechas: un vecino que buscaba objetos robados, encontró el cráneo de Ale en el fondo de una alcantarilla. "Encontraron allí la mitad de los huesos que componen un esqueleto, por lo que queda claro que lo tenían en otro lugar y lo trasladaron luego allí", asegura Flores.

Lorena Micaela Avila desapareció de la puerta de su casa el 14 de febrero de 1998. A partir de ese momento, la policía tuvo en la mira a varias personas, incluidos los padres de la v¡ctima. Los llevaron a la alcaidía para interrogarlos como si fueran delincuentes. Cuatro meses más tarde hallaron el cuerpo. Estaba envuelto en nylon, enterrado y cubierto con cal y una tapa de tambor de 200 litros, en el patio de una vivienda del barrio (deshabitada). Se dieron cuenta porque un vecino constató que el piso se hundía.
Los padres tomaron conocimiento de la situación en simultáneo: en el mismo momento en que el hallazgo se anunciaba por televisión, el fiscal Luis Cerioni tocaba el timbre para darles aviso.

Nicolás Sabena (21 años) discutió con su mamá  y se fue de su hogar el primero de septiembre de 2008 -supuestamente a la casa de su novia-. Mantuvo contacto telefónico con la familia hasta el 14 de ese mes. Lo último que se sabe es que Nicolás dijo haber ido a ver al "Negro" Vargas.
Una semana más tarde, los padres radicaron la denuncia en la Policía. Intervino el fiscal Walter Guzmán.

Alejandro Dizner desapareció el 17 de julio de 1987. En ese momento tenía 17 años. Salió a tomar un café y al cine, pero nunca volvió. A la mañana siguiente se realizó la denuncia en la Policía y en tribunales, y comenzó la búsqueda. La última persona con que fue visto, estaba siendo buscada por la Polic¡a Federal por tráfico de drogas.  Se supo, más tarde, que Tobares -policía involucrado en la investigación- tenía vinculación con la persona sospechada.

Como era menor, la búsqueda de paradero recayó en el Juzgado de Menores, en ese momento a cargo de Zulamita Díaz de Montiel. Ella hablaba "en difícil" y acusaba al seno familiar de ocultar información. Citaba a una de las hermanas de Alejandro (también menor de edad) una vez por semana para interrogarla. Tanto hirió a la familia sin avanzar en la búsqueda, que la madre pidió el cierre de la investigación. Y la jueza hizo lugar, a sabiendas de que su deber era proteger al menor.

Tiempo después, Varela Geuna reabrió la causa, se reiteraron los pedidos de informes y surgieron datos nuevos, pero todo volvió a los cajones de los despachos tribunalicios.

 LAS ACCIONES
Víctor Flores afirma: "A la causa la investigué yo. Pasé muchas horas leyendo los libros del Comando para darme cuenta de que estaba adulterado, de que el móvil que atropelló a mi hijo desapareció por dos días -lo estaban arreglando-, me llevó mucho tiempo hablar con los policías involucrados, con las enfermeras, con las amigas de las enfermeras, con las madres de los polic¡as... anotaba todo: lo que me habían dicho, la impresión que me habían causado, las reacciones, describía los lugares, todo, todo, todo. Eso después me sirvió para unir y entender cómo sucedieron las cosas y para saber que la policía actuó corporativamente encubriendo el accionar de sus miembros. Porque todos sabían".

Víctor y su abogado iban a tribunales una y otra vez para solicitar al fiscal que secuestrara algún material o a aportar datos y pedir que se citara a determinada persona a declarar. Fue el propio padre del nene quien tuvo que verle la cara a Gaumet en cinco ocasiones, aún cuando pensó que su propia vida corría peligro, para saber la verdad. "Funes nunca dio la cara, pero Gaumet sí. La primera vez que viajé a Córdoba, a su casa, él no salía y me alejé de la puerta porque pensé que podía pegarme un tiro en la cabeza. Pero cuando me vio empezó a llorar".

Fueron Norma, Tamara y Corina (familia de Alejandro Dizner) quienes empezaron su propia búsqueda, solicitando videos a los noticieros, viajando, pegando afiches, hablando con gente, creando un sitio en Internet y sumando el caso a montones de organizaciones que buscan menores desaparecidos. Fueron ella las que pidieron juntarse con el expediente y reabrir la causa, porque notaron que alguien había declarado haberlo visto e incluso había dado una patente de automóvil, pero nunca se citó a nadie por eso. Ellas averiguaron quién conducía y pasaron el dato a la fiscalía. Pero aún así la causa no muestra avances.

Dora, mamá  de Lorena Micaela habló con el entonces gobernador José Manuel De la Sota para que apurara el caso de su hija porque el acusado se estaba muriendo y el juicio no comenzaba. Pero nada ocurrió.


(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de junio, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa Maria y zona de influencia)


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