Escribe: Marisa Galván
Le decían ?Ojota? porque no le gustaba realizar ningún deporte. Hasta que, por recomendación de un compañero de trabajo, adquirió un paramotor de 250 cilindradas, un biplaza para paseo (no apto para acrobacia). ?No entendía nada. A los 20 días de tenerlo hice un curso acá (en el Barrio Paraíso, con el instructor Oscar Rodríguez), y otro de parapente en Merlo?. Y sin darse cuenta, un día de diciembre, hizo el primer vuelo sobre el equipo y se fue a 800 metros de altura. ?Me sentía tan emocionado en el aire, y no me daba cuenta que se terminaba el combustible?, recuerda a modo de chiste. La práctica más tarde le enseñaría que se puede parar el motor y planear como en un parapente.
Para levantar vuelo primero debe estirarse la vela sobre el piso, colocarse los arneses y darle marcha al motor. ?Cuando le das potencia la vela se empieza a levantar, vos sos un péndulo, tenes que estar en el medio, y darle potencia; entonces a 5 o 10 metros te saca a volar?, explica Héctor Battistini. El viento que entra debe estar en contra, al igual que para el aterrizaje.
Héctor cambió su rutina diaria, no sólo trabaja como soldador aeronáutico ?cuenta con 15 años de experiencia en la aeronáutica- sino que, cuando puede, imita a los pájaros con su equipo de paramotor. Camina más, bajó de peso corporal y abandonó la siesta. Un amigo suyo, Guillermo Bettoni, imitó su proceder, se aleccionó, adquirió un equipo y ahora también recorre el aire.
?Nos pasaron un montón de cosas: nos hemos caído, hemos roto los equipos, las hélices?, comenta. Resalta el apoyo que siempre le brindó su esposa, Norma Grisanti, y su hijo de 13 años, Mayco Battistini.
Como si estuviese recorriendo los aires, Héctor relata su experiencia, que ya cuenta más de 300 horas de vuelo y más de 400 aterrizajes: ?Hacemos vuelo en altura, mi sueño es alcanzar los 1.700 metros. A mí me gusta volar, parar el motor, planear y aterrizar en el mismo lugar del que salí?. Asegura que los mejores vuelos son de noche, cuando es maravilloso ver la ciudad. ?Fui el primero en Río Cuarto en volar en paramotor?.
? EQUIPAJE
Para volar no solamente hace falta subirse al paramotor e inflar la vela. Para mayor seguridad es necesario también disponer de ?instrumentos?, tales como un equipo de radio, que trae incorporado un casco, y un GPS ?que indica altura y velocidad- sobre todo para volar de noche.
En el horario nocturno el viento se calma y ?tenés un oxígeno tremendo; sacás el equipo y en 10 o 15 minutos estás a mil metros?. Según la altura es la velocidad que se toma: a mil metros es alrededor de 70 kilómetros, y lo más común es andar a 25 o 30 kilómetros por hora.
Para practicar este deporte se depende mucho de la meteorología. Se deben evitar días ventosos ?algo muy común en esta zona- y horarios que no provoquen térmica. Lo mejor es hacerlo en las primeras horas de la mañana y después de las 17 horas.
?Es un deporte fuera de lo común?, reconoce Héctor. Dice que se requiere mucha práctica y dinero. ?Cada vuelo que hacemos son 100 pesos, en combustible y gastos, no en el momento pero cuando tenés que cambiar la vela, cada 4 a 5 años, se necesitan 3.000 o 3.500 dólares; todo el material es importado?.
Un paramotor nuevo cuesta alrededor de seis mil dólares, y el equipo completo unos 10.000 dólares. En cuanto a la indumentaria, debe ser de algodón y térmica.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de julio, de venta en kioscos de Córdoba, Villa María, Río Cuarto y zona de influencia)




