Escribe: Corina Asnal Vischi
La historia comienza con Ambrosio Olmos (nacido en 1841), quien fuera intendente de Río Cuarto y, bajo el ala de Julio Roca, convertido en gobernador de la provincia; cargo del que fuera exonerado por sus propios funcionarios -y claros enemigos políticos-. Conocido terrateniente, con la conquista del Desierto inició su expansión: en Achiras adquirió 300 mil hectáreas que puso a producir y compró la estancia del Fortín Santa Catalina, con cuyos animales proveía al ejército en la frontera.
Al finalizar el siglo XIX, se establece en Buenos Aires, donde conoce a Adelia María Harilaos. Juntos compran la Estancia El Durazno, próxima a la estación de ferrocarril ?La Gilda?. Distante escasos 25 kilómetros de Río Cuarto, conserva hoy intacto el espíritu que doña Adelia le transmitiera: es ?un sitio de estudio?. Y en eso se convierte porque, al morir, la viuda de Olmos legó a la orden Salesiana las 20 mil hectáreas de tierra (que incluían casco, teléfono, pileta, capilla, salón de té, usina, palomar, invernáculo, reloj, lagos artificiales y acequias), con el fin de que construyesen allí una escuela para los hijos de los agricultores de la región.
La Escuela Agrotécnica Salesiana se funda en 1953. Los alumnos reciben formación en agricultura y ganadería, tambo e industria láctea, producción porcina e industrias cárnicas, granja, huerta y apicultura, maquinaria y mantenimiento de instalaciones rurales. Actualmente su población ronda los 240 estudiantes, de los cuales unos 190 son internos. Biblioteca, sala de informática, laboratorio, salón de actos y varias aulas conjugan sus esencias en el patio de la bandera, el corazón de la escuela. Allí donde se mezcla el afiche de ?vamos Argentina? con el antiquísimo sapo y unas mesas de metegol.
El calendario académico contempla varias actividades: cada octubre festejan Maria Auxiliadora, Patrona del Agro. En noviembre tienen su Fiesta Hípica, que congrega a más de mil personas y donde recrean las destrezas del jinete criollo.
UN ÁRBOL, MUCHAS RAMAS
Ya en 1920 tenían una moderna y avanzada fábrica de quesos, elaborados con materia prima que se conseguía gracias al trabajo de muchas personas.
En 2007, con una donación proveniente de una fundación salesiana de Italia, ese edificio se recicla y se inaugura el nuevo tambo, con una capacidad de producción de 10 mil litros diarios. Está equipado con última tecnología, tanto que es uno de los pocos de Latinoamérica en condiciones de incorporarse a la red de proveedores de la Unión europea.
Cada tarde, religiosamente, a las 15 se ordeña. Las vacas ya conocen la rutina y marchan solitas para que los ojos de los visitantes se deslumbren ante ellas.
El producto elaborado que más los identifica -ese delicioso dulce de leche- ha sido premiado en Mercolátea dentro de la categoría Pymes.
Pero eso no es todo, las actividades que realizan son muchas: en el enorme invernadero se preparan frutales, hortalizas y además las plantas destinadas a parquizar y mantener ese reservorio verde en el sur provincial.
El recorrido por las instalaciones es acompañado constantemente por el cotorreo de las loras y los naranjos dan el toque de color necesario para completar un hermoso panorama. Hacia un lado, la piscina, construida en 1919 y refaccionada a nueva. Impresionante. Hacia el otro, un apiario exagonal que atrapa por su belleza. Más allá, el Puente Chino (hoy en remodelación), rodeado por lagos.
Inclusive la recepción tiene su historia: ahí fue donde originariamente (allá por 1925) funcionara la escuela para los hijos de los empleados de la estancia.
Uno de los mayores atractivos lo constituye la recientemente remodelada y acondicionada Capilla Sagrado Corazón de Jesús, cuya construcción se remite al año 1941 y es un edificio histórico. El parque de ingreso al sitio, con fuentes, alcantarillas y estatuas varias, ya es un recreo. Y la iglesia es tan bella como acogedora. Los vitrales coloridos dejan pasar la luz del sol para hacerlo todo más agradable. Muchas familias viajan a bautizar a sus pequeños y a compartir un día de campo. Lo hacen porque, se mire hacia donde se mire, hay algo espectacular que conocer y paz que respirar.




