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Historias
Cinerario
Ceniza santa
En la parroquia Teresa del Niño Jesús, en el barrio Lomitas de Oro, se inauguró el primer cinerario común cordobés, sitio en el cual los restos mortales de las personas yacen sin prisa ni olvido

Escribe: Pía Florio

"Eres polvo y al polvo volverás", recita la palabra de Dios y parece volverse una realidad en el primer cinerario de Córdoba, instalado en la parroquia Teresa del Niño Jesús, en el barrio Lomitas de Oro, en Río Cuarto.
Hay muchos que piensan y por sobre todo, sienten, que una vida comienza con la muerte, una sin dolor, enfermedad ni miseria. Por tal motivo, la muerte tiene un valor trascendental. Y lo que parece ser obvio y hasta "lo que debe ser", ya no lo es.
El ritual de enterrar los restos mortales de una persona en el cementerio parece perder adeptos. Hoy por hoy, nadie cuestiona la cremación de los cadáveres, como sí ocurría varios años atrás. Cuando se realiza esta práctica, y una vez que pasa el primer impacto del duelo, muchas veces las personas no saben qué hacer con los restos de sus familiares. Y allí llega el momento de deliberar sobre el destino que se dará a las cenizas de lo que fueron. En qué lugar dejarlos volar, cómo y cuándo. Quizás, en algunos casos, haya un deseo manifiesto por cumplir, pero otras veces no.  
¿En el mar, la montaña o en el aire, al vaivén del ánimo del viento? No se sabe. De ahora en más, los indecisos podrán depositar las cenizas de sus seres queridos en este cinerario común, en el que descansarán cientos y cientos de personas, ya que la cavidad parece "eterna".
Una gran puerta marrón oscuro. Hay un espacio grande, de forma rectangular, que recibe a los fieles. El lugar es cálido. Las paredes son claras y se respira pintura fresca. En un rincón del recinto hay dos muebles de madera cuya parte superior es de mármol y posee una bacha recubierta con una tapa, que al ser levantada es la mismísima puerta al otro mundo, a la eternidad.
Este sitio forma parte del  flamante atrio del templo y se trata de un servicio que ofrece la parroquia a la comunidad. El cinerario tiene piso de tierra y consta de 3 metros cúbicos. (Cada metro tiene una capacidad de alojar unas seis mil cenizas).
El párroco Juan Ángel Cantarutti comenta que la idea de este espacio santo surge de las distintas necesidades que pueda tener la comunidad en su conjunto. Según dice, hay mucha gente que, por motivos económicos, realiza la cremación  y después no sabe dónde colocar las cenizas. Indica que todos los cuerpos merecen un lecho santo y señala que es el primero de Córdoba y que es común, parroquial y gratuito: sólo se acepta una contribución voluntaria a modo de ofrenda.
"El valor de esto radica en depositar las cenizas en un lugar sagrado. El cristianismo, desde que surgió, siempre consideró que los cuerpos de los bautizados, por el hecho de estar consagrados a Dios y ser obra de él, deben descansar en un lugar santo. De ahí las catacumbas, donde se ponían los cuerpos de los mártires", remarca.
Con respeto a la capacidad que tiene este sitio para alojar almas, es infinito, ya que "hay espacio para poner cenizas hasta el fin del mundo".

(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de diciembre, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)

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