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Cine
El hombre que podía recordar sus vidas pasadas
Muerte, reencarnaciones y algo más
El hombre que podía recordar sus vidas pasadas

Escribe: Analía Casero

Tío Boonmee está a punto de morir a causa de una insuficiencia renal aguda y por eso decide pasar sus últimos días acompañado de su familia. Lo que no espera Boonmee es que su esposa muerta y su hijo desaparecido se presenten en esos momentos.
El film está dirigido por el tailandés Apichatpong Weerasethakul (Blissfully yours, Tropical Malady) quien llega a las pantallas argentinas por primera vez fuera del ámbito del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).
Boonmee vive en el norte de Tailandia y pasa los días disfrutando de su fértil propiedad situada en medio de la selva; allí se ocupa de sus tamarindos y de sus cajones de miel (que sabe agridulce, ya que las abejas se alimentan de tamarindo y maíz). En sus ocupaciones lo ayudan unos cuantos inmigrantes que vienen de Laos. Boonmee, a pesar de estar muy enfermo, parece no temerle a la muerte y esto quizás se deba a que práctica el budismo y por lo tanto cree en la reencarnación y en la transmigración de las almas. Su cuñada Jen y su sobrino Tong han ido a acompañarlo en sus últimas horas. Boonmee piensa que es víctima de la enfermedad a causa de un karma: "mate a muchos comunistas, y a muchos bichos", dice, a lo que Jen le responde que la gravedad de lo que uno ha hecho depende de las intenciones con que se manejó.
Cuando Boonmee recibe la visita del espíritu de su esposa Huay y de su hijo Boonsong (que se ha convertido en un fantasma mono) comienza a imaginar sus vidas pasadas y futuras. Boonmee le pregunta a Huay donde la encontrará cuando muera y ella le dice que el cielo está sobrevalorado, que los fantasmas se apegan a personas y a la vida, no a lugares, y aquí se puede apreciar el peso de la reencarnación en el film. Boonmee al reconocer el momento exacto en el que debe despedirse del mundo terrenal pide a su familia que lo acompañe a un sitio en medio de la noche; así, llegan a una cueva que Boonmee reconoce como el vientre que le dio vida. Cuando Boonmee puede recordar algo de sus vidas futuras se ve encarnando a una autoridad capaz de desaparecer a cualquier persona (y allí es donde se puede apreciar el costado político de la historia con más fuerza).
En el medio de la película se cuenta la historia de una princesa que sufre por la pérdida de su belleza y es en ese instante cuando se hace presente lo mítico, la leyenda o lo que podría ser un viejo cuento folklórico.
El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Tío Boonmee) transcurre en Nabua en la provincia de Nakhon Phanom, junto a la frontera laosiana y es la última parte de un proyecto multiplataforma llamado "Primitive"; este proyecto trata acerca de la región de Tailandia del Nordeste y se ocupa de temas como la memoria, la transformación y la extinción, y de los  enfrentamientos entre los simpatizantes comunistas de Nabua y el ejército tailandés en 1965, que concluyeron de manera sangrienta. Weerasethakul ya había desarrollado una videoinstalación de siete partes y dos cortometrajes (Una carta para el Tío Boonmee y Fantasmas de Nabua) en relación a esta película.
Apichatpong Weerasethakul contó que un hombre llamado Boonmee se acercó a Phra Sripariyattiweti, el abad de un templo budista en su ciudad natal, diciendo que podía recordar claramente sus vidas anteriores mientras meditaba. El abad, impresionado por la habilidad de Boonmee decidió publicar un libro llamado "El hombre que podía recordar sus vidas pasadas" en 1983. Cuando Apichatpong leyó el libro Boonmee ya había muerto. La idea original era en un principio adaptar el libro para hacer una película biográfica sobre Boonmee. A pesar de ello, la idea original fue rápidamente abandonada para dar lugar a una película más personal. La historia así como la producción se inspiraron en antiguos programas de televisión e historietas tailandeses, que habitualmente tenían argumentos sencillos y estaban llenos de elementos sobrenaturales. La grabación se llevó a cabo con una película de 16 mm por motivos de presupuesto y fue preferido a la grabación digital para dar a la obra una imagen similar a la usada en el cine clásico tailandés del pasado.

(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de junio, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)

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