Escribe: Hernán Vaca Narvaja
"Córdoba va", reza el jingle que, apropiándose de la sagrada tonalidad del himno nacional, utilizó el candidato José Manuel De la Sota como parte de la batería publicitaria lanzada para seducir al electorado cordobés de cara a las elecciones provinciales del siete de agosto. Luis Juez, su ex fiscal anticorrupción que mal administró cuatro años la ciudad de Córdoba, sigue enarbolando la bandera de la ética y la transparencia como única propuesta política. Oscar Aguad, el ministro de gobierno que cerró las escuelas rurales y recortó salarios a empleados públicos y jubilados, promete ahora "cambiar para bien" (sic). Detrás del marketing asoman tres de los protagonistas del último tiempo político de Córdoba, cuyos resultados están a la vista: una provincia dependiente del poder central, con una deuda monstruosa que no se condice con sus falencias estructurales (rutas, gas, agua, energía, etc.) y una ciudad capital colapsada por ineficiencia burocrática, falta de gestión y nula planificación urbana.
La Provincia que supo ser cuna de la reforma universitario y faro de la rebelión obrero estudiantil ha quedado al margen del proceso de transformación nacional iniciado en el año 2003 por el matrimonio Kirchner. Desde entonces, Córdoba no ha hecho más que profundizar su endeudamiento, patear hacia adelante el déficit crónico de su Caja de Jubilaciones y profundizar su dependencia financiera, económica y política de la Nación. Ni De la Sota, ni el gobernador Juan Schiaretti, ni Juez ni Aguad han sido capaces de proyectar algo superador para la provincia, ni imaginar políticas para lograr mayor autonomía y apostar a un crecimiento sostenido y sustentable.
La sola comparación de los indicadores económicos de Córdoba y Santa Fe pone en evidencia el descalabro al que llevaron a la primera las administraciones radicales y peronistas que se sucedieron desde la restauración democrática. El resultado es aún peor si la lupa se pone en la gestión de los municipios en sus ciudades capitales: mientras Rosario despunta, de la mano de intendentes socialistas, como una de las ciudades más bellas y mejor administradas del país, La Docta no logra salir del espiral de ineficiencia, improvisación y decadencia que comenzó con la llegada del inefable Germán Kammerath al Palacio 6 de julio.
CON ESCENARIO PROPIO
La muerte del ex presidente Néstor Kirchner, en octubre del año pasado, implicó un fuerte reacomodamiento a nivel nacional, que se tradujo en un claro repunte de la imagen positiva de su viuda -traducido en un indiscutido liderazgo político-, la irrupción política de las nuevas generaciones (de la que el candidato a vicepresidente Amado Boudou es la expresión más elocuente, pero no la única) y la apuesta política a la profundización de un modelo de desarrollo sustentado en el fortalecimiento del mercado interno y una paulatina redistribución de la riqueza.
Córdoba quedó al margen de aquél reacomodamiento político. El distanciamiento amenaza profundizarse ante el nuevo desafío electoral. De la Sota hizo naufragar su acuerdo con el ministro Julio De Vido al elegir a Alicia Pregno ?intendenta de Laboulage vinculada al sector agropecuario- como compañera de fórmula y ninguneó a los dirigentes kirchneristas en las listas de candidatos a la Legislatura provincial. Su llamativa falta de tacto político para evitar una ruptura con el kirchnerismo -que no pocos atribuyen a la actuación del gobernador Juan Schiaretti- motivó que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desairara al justicialismo cordobés al rechazar que la lista de candidatos a diputados nacionales encabezada por el ministro Carlos Caserio (mariscal de la derrota del PJ en las elecciones comunales del valle de Punilla). De esta manera, la jefa de Estado actuó con coherencia, permitiendo que también en Córdoba se abran las listas a dirigentes jóvenes y de probada lealtad al proyecto nacional como el intendente de Leones, Fabián Francioni, quien encabezará la única lista que llevará la imagen de Cristina: la del Frente para la Victoria. Además, en el entorno de Cristina parecen haber comprendido que acceder a la gobernación de Córdoba es para De la Sota sólo una escala en su ansiado camino hacia la Presidencia.
Con renovado marketing de campaña, De la Sota se presenta como el cambio dentro de la continuidad, pero tras bambalinas están los mismos dirigentes que siempre lo acompañaron, encabezados por el impresentable caudillo del peronismo de Bell Ville Domingo Carbonetti. Con encuestas que le dan una amplia ventaja en el interior provincial, De la Sota implora que no afloren nuevos "enanos" surgidos del fango de la corrupción como su ex hombre de confianza Marcelo Falo (el de los cheques voladores) y su propio yerno, Carlos Laje (sancionado por el BID e investigado por la Justicia). Sin mencionar a la pléyade de funcionarios de menor rango salpicados por los escándalos del Registro de la Propiedad y de la ART Provincia.
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