Escribe: César Martín Pucheta
Daniel Altamirano nació en El Valle de Uco, Mendoza, al norte del río Tunuyán. Es uno de los cantores populares que ha dejado huella en el folclore argentino. Sus canciones han reflejado historias que encuentran asidero en las grandes ciudades hasta los puntos más recónditos del territorio argentino. Una de esas historias, que da título a una de sus composiciones más recordadas, tiene como punto de referencia a la ciudad de Villa María, en donde una peña ha sido nombrada en su honor "Los amantes de Córdoba". Pero han pasado los años y el autor de ?La Oma? parece cansado, las puertas que antes solían abrirse hoy se resisten y el cantor tiene cosas que decir al respecto. Por eso Daniel Altamirano se levantó una mañana de noviembre y, anclado en la mesa de un bar céntrico cordobés, dialogó en exclusiva con revista El Sur.
Son más de 40 años de trayectoria y de historia del país ¿Se puede hacer un balance de esos años sobre los escenarios?
La verdad es que a veces me siento un poco agotado. Fatigado con todo este trajín en donde el país ha vivido una gran cantidad de situaciones políticas, económicas y sociales que han perjudicado, en cierta manera, mi trayectoria. Yo comencé con Los Altamirano en el ´69, pleno Cordobazo. En el ´73 me separé de la banda y armé un conjunto que se llamaba Los de Siempre. Comenzaron entonces los años que marcaron el regreso de Perón, luego la muerte de Perón y todo lo que ya sabemos. Fueron años duros, a veces las huelgas nos obligaban a quedar a mitad de camino porque no había nafta, por ejemplo. Era difícil trabajar así. Pasaban cosas insólitas. Cando estaba en España, los españoles me preguntaban si estaba exiliado y yo les contestaba que estaba ?exiliado de la democracia? (era el año ´85). El país no quedó bien después de los militares y antes de los militares tampoco estaba bien. Pero cuando se fueron los militares vinieron "los chicos" a arreglar todo y ya no había con quién arreglar el país. Y también empezaron a juzgarnos a quienes nos habíamos quedado porque no teníamos cómo irnos. La verdad es que yo me fui porque no tenía trabajo. Estuve dos años en España y me volví primero porque extrañaba y después porque me decía a mí mismo "¿por qué tengo que estar en España tratando de solucionar mis cosas? Lo tengo que hacer en el país donde nací, en el lugar de donde soy, donde tengo todos mis afectos". Entonces me volví. Y encontré otro gobierno que también, supuestamente, anduvo seis meses y se terminó. Entonces todo ha sido una historia de tenerte a la expectativa y que luego todo se frustre. En este momento, en Argentina, el folclore ha perdido un espacio tremendo y se lo usa según el interés o lo que pueda un intérprete ser útil para expresiones políticas que están en pugna, y eso no es bueno. Eso deteriora la imagen, las fuentes se tornan dispares. La gente entiende por folclore a gente que hace cumbia y no es así. O se entiende por folclore sólo lo que hace determinada gente y eso a su vez lo determina gente a la que no le interesa el folclore ni que la gente se culturice. Esto que te digo a vos no se le he dicho a nadie porque la gente puede pensar que soy un amargado, pero no. Soy un fatigado cantante y autor de folclore que por ahí me pregunto qué hice en 40 años en el país y pareciera que no he hecho nada.
¿A quién debería representar el folclore? ¿A qué le debería cantar un cantor de folclore?
El cantor tiene que rescatar lo bueno que se hizo a pesar de que todo era un tragedia en este país. Porque se hizo mucho y hubo muchos cantantes y grupos folclóricos representativos de esa época. Y no sólo Mercedes Sosa. A Mercedes Sosa la llevaron ahí los intereses creados. Mercedes Sosa era una más de todo lo que había. También estaba Horacio Guaraní, por ejemplo, que participó más en la puja por la democracia que Mercedes, creo yo. Yo lo vi a Horacio llenar estadios.
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